Datos con cuerpo y alma

Pobreza y depresión adolescente

Una nota del Dr. Matías Pandolfi, biólogo e investigador.

“La pobreza y su relación con la depresión en la adolescencia”

por Matías Pandolfi*

Muchos estudios han demostrado que la exposición a eventos traumáticos, el maltrato y el descuido infantil son factores que, al generar estrés, afectan notablemente la salud mental. Existe evidencia de que otros factores menos específicos pero de mayor incidencia como la pobreza, se relacionan con esta problemática. La pobreza está sumamente ligada a una baja calidad de vida, a una mayor exposición a la contaminación y a una mayor probabilidad de sufrir hechos de violencia. Esto genera perjuicios en la salud física y mental aumentando la probabilidad de adquirir depresión, trastornos de ansiedad y adicciones. ¿Es posible identificar cuáles son los procesos biológicos específicos involucrados? La respuesta es sí, uno de ellos es la epigenética, un proceso a través del cual el medio ambiente puede regular la expresión de nuestros genes. Se sabe que el estrés, por ejemplo, es capaz de generar un proceso químico denominado metilación que puede inactivar ciertos genes. Si este proceso ocurre en el cerebro, puede tener consecuencias sobre su funcionamiento que resulten en cambios en la conducta.

Recientemente un grupo de investigación del Departamento de Psicología y Neurociencia de la Universidad de Duke publicó un trabajo al respecto en la prestigiosa revista Molecular Psychiatry. Los investigadores contaban con datos previos de estudios clínicos que habían mostrado que un alto grado de metilación del gen SLC6A4 (que origina a la proteína transportadora de serotonina) estaba relacionado con algunas enfermedades mentales. Pacientes que habían sufrido abuso infantil o tenían un muy bajo estatus socioeconómico mostraban un mayor número de sitios de metilación en este gen y, a su vez, presentaban síntomas depresivos. La serotonina es un neurotransmisor que se encuentran en varias regiones del cerebro y que tienen mucho que ver con el estado de bienestar. Por eso la inactivación de este gen está relacionada con la depresión.

Los investigadores estudiaron durante tres años a un grupo de 132 adolescentes caucásicos que tenían entre 11 y 15 años al inicio del estudio. El trabajo demostró que el bajo nivel socioeconómico se relaciona con un mayor grado de metilación en el gen SLC6A4 y con cambios en el funcionamiento del cerebro. Posteriormente estudiaron, en este mismo grupo de personas, una región de su cerebro (la amígdala) por resonancia magnética funcional. La amígdala está formada por un conjunto de neuronas ubicadas en una región profunda del cerebro y su papel principal es el procesamiento y almacenamiento de reacciones emocionales. Se vio que aquellos individuos con mayor grado de metilación del gen SLC6A4 tenían una amígdala más reactiva/sensible a fotografías de rostros temerosos que se les exhibían. Estos mismos sujetos resultaron a su vez más propensos a mostrar comportamientos depresivos.

Los autores manifiestan que esta es una de las primeras investigaciones que demuestran que la pobreza puede conducir a cambios en la forma en que se expresan los genes, y que esto afecta al desarrollo del cerebro pudiendo potenciar los síntomas típicos de la depresión.

Si bien estos estudios pueden parecer, desde una mirada superficial, un tanto reduccionistas no lo son. Los autores son conscientes de sus alcances, son cautos en sus afirmaciones y no se limitan a realizar estudios genéticos sino que toman datos complementarios de actividad neuronal, del comportamiento y de la historia de vida de las personas estudiadas.

Este tipo de trabajos, rigurosos y sistemáticos, dejan en claro que combatir la pobreza es un proceso que tiene muchas aristas porque el hecho de crecer en situaciones de estrés asociados a una mala vivienda, a un bajo estatus socioeconómico y a situaciones de maltrato, violencia y vulnerabilidad generan un ambiente hostil que impacta directamente sobre el cerebro impidiendo –de modo persistente- que se expresen genes asociados con el bienestar. Estas marcas indelebles luego pueden traducirse en comportamientos depresivos, trastornos de ansiedad y propensión a las adicciones.

Es por eso tan importante poder conocer los mecanismos biológicos relacionados con estos procesos para poder abordar luego el problema desde las ciencias biológicas, médicas y sociales y sobre todo desde la política.

El neurocientífico Sam Harris dice que la ciencia puede ayudar a resolver problemas morales. Aquí tenemos uno de ellos, muy grande por cierto.

*El autor es Doctor en Ciencias Biológicas e investigador del CONICET         

 Twitter: @MatiasPandolfi

Para acceder al trabajo original (en inglés) hacer click acá

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