Datos con cuerpo y alma

Los pobres invisibles

La distorsión de los números del INDEC genera múltiples y discordantes estimaciones sobre pobreza e indigencia.

 

Existe una guerra de números. Un frío enfrentamiento de cifras, de estimaciones, de métodos de cálculo. Detrás de esa guerra, como en toda guerra, las que sufren son personas.  Con sueños, con necesidades, con urgencias, con esperanzas.

Tras las intevención del INDEC en 2007, no se pudo tener un panorama oficial confiable sobre la pobreza e indigencia, algo que resulta esencial para el desarrollo de un país.

Empezaron a difundirse mediciones privadas, de centros universitarios, de exintegrantes del organismo intervenido, organizaciones gubernamentales y hasta las fuerzas opositoras, en el marco del Congreso de la Nación, dan números en función de un promedio de consultoras privadas.

Sin embargo, mida quien la mida, la pobreza creció en el país. Y eso es una muy mala noticia.

Números de Pobreza FINAL

Algunos dicen que el porcentaje de pobres hoy es similar al promedio de los ‘90, aunque existen diferencias en el contexto de ambos períodos.

La disparidad de las cifras es abismal: mientras que para el INDEC hay un 4,7% de pobres, algunos exintegrantes de ese organismo que fueron desplazados calculan que, según datos del segundo semestre de 2013, el 40,6% de la población urbana no llega a fin de mes y que las personas que se encuentran por debajo del la línea de pobreza son más de 15 millones de personas.

En medio de estos disparos belicosos con cifras que duelen están los pobres. Los pobres invisibles para las estadísticas. Para algunas. E intangibles para otras: para casi todas. Necesidades profundas de seres humanos que ninguna planilla puede dimensionar.

 

 

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