Datos con cuerpo y alma

El viaje de una madre científica

Compartimos el artículo de Paula de Tezanos Pinto. El relato de una apasionada madre y científica. ¡Emocionante!

Me quede embarazada a los 38 años, un tiempo después de obtener una posición permanente. Hasta ese momento había sido un espíritu libre y aventurero, trabajando largas horas y viajando frecuentemente para mi investigación en cianobacterias acuáticas. Durante los últimos tres años de mi doctorado pasé cada verano en un laboratorio en Estados Unidos, lejos de mi país, Argentina. Trabajé otro año más en Estados Unidos durante mi postodoc. En el camino, logré encontrar el amor, sentar raíces y empezar el camino para convertirme en una mamá. Mi hermana, que ya tenía una hija me avisó que mis prioridades estaban por cambiar. Ella decía que cuando mi hija naciera iba a ser posible que quisiera dejar la ciencia y convertirme en una mamá a tiempo completo. Pero yo amaba mi trabajo.
Eso fue como hace 5 años. Mi hija Julieta es ahora una alegre niña de jardín de infantes y yo sigo haciendo ciencia. En algún punto mi hermana tenía razón. Cuando Julieta nació rápidamente me di cuenta que ella era la aventura más grande que jamás me había embarcado. Pero yo tenía razón también, no quería renunciar a la ciencia. Entonces, cuando la licencia por maternidad se terminó tuve que ver cómo disfrutar mis dos pasiones, la maternidad y la ciencia, y abrazar los placeres y los pesares de ambos roles y sus a veces contradictorias demandas.
Uno de los ajustes más grandes que hice fueron mis viajes- aunque no me di cuenta de eso enseguida. Cuando mi hija tenía un año, gané una beca que implicaba pasar un mes trabajando en un laboratorio en la República Checa. Yo estaba muy entusiasmada con la investigación que iba a hacer allí, pero no quería separarme de Julieta tanto tiempo, entonces decidí llevarla conmigo. Creí, de forma naive, que este viaje iba a ser similar a otros del pasado, cuando viajaba sola. Para este viaje, contraté una babysitter durante mis horas de trabajo y pensé que con eso tendría todo solucionado.  
Pero cuando llegué, la disponibilidad de la babysitter resultó mucho menor de lo que habíamos arreglado. Yo había viajado tan lejos para conducir mi investigación pero en vez me encontré usando mucho de ese tiempo cuidando de mi hija. Estaba frustrada y a la misma vez me sentía culpable de querer trabajar en vez de estar con mi hija. Pronto, lloré enfrente de mi colega Checa quien por suerte me ayudo a conseguir una babysitter alternativa.
Incluso con el cuidado resuelto, enfrenté otros desafíos. Cuando viajaba sola, estaba acostumbrada a trabajar sin mirar el reloj. Durante esta estadía, sin embargo, mi día de trabajo terminaba mucho más temprano que lo que estaba acostumbrada, para volver a casa con mi hija. Al principio no estaba segura que iba a poder completar mi trabajo con este esquema. Pero no tenía que haberme preocupado: trabajaba alegremente y productivamente durante el día y después recogía a mi hija para que podamos caminar en los hermosos colores del otoño. Al final del viaje había terminado todo lo que había planeado.
A pesar que todo salió bien, después de esta experiencia supe que necesitaba cambiar la manera en la que viajaba por trabajo. Ahora elijo mis viajes cuidadosamente y planeo la logística con mucha anticipación. Viajo sola, por menos días, con menos frecuencia y a destinos más cercanos a mi casa. Yo sé que Julieta  me extraña cuando me voy, y yo la extraño también. Pero, yo soy feliz siguiendo mis objetivos y creo que una mamá felíz es una buena mamá.
A veces extraño la libertad que tenía cuando podía irme para un viaje en cualquier momento. Sin embargo, Julieta le agrega felicidad, diversidad y complejidad a mi vida, que  me ayuda a ser más creativa. Aprendí a maximizar las horas de oro de trabajo focalizado y planear bien, aun manteniendo la flexibilidad. Tenerla a Julieta también me obliga a dejar de trabajar algunas veces, lo que me ayuda a evitar sentirme “quemada”.  Y aprendí que puedo pedir a otros que me ayuden, tanto en la vida como en el trabajo. Entonces, a pesar de los desafíos, estoy feliz de ser una mamá y una científica, y estoy disfrutando este viaje.
Paula de Tezanos Pinto es una investigadora en el CONICET y en la Universidad de Buenos Aires. 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *