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Medir la pobreza: entre quijotesco y ciclópeo

Lo afirma el especialista en estadísticas Walter Sosa Escudero ¿Por qué es tan importante para una sociedad?

Foto Sosa Escudero Nota - Nota El largo derrotero de la medición de la pobreza Por Walter Sosa Escudero*

Sin lugar a dudas el monitoreo sistemático de la pobreza es una actividad crucial para cualquier sociedad, tanto como ir periódicamente al médico para una persona.

Sin embargo, la elaboración de una cifra que mida en forma confiable la proporción de personas pobres en una región y en un momento determinado es una tarea que oscila entre lo quijotesco y lo ciclópeo.

Quijotesco porque cualquier intento de resumir la complejidad de la pobreza en una cifra implica, necesariamente, una simplificación irreal.

La pobreza, entendida como un estado de privación, es una noción compleja, que involucra aspectos económicos, sociales, culturales, físicos, biológicos, psicológicos, entre muchos otros.

Complica la cuestión el hecho de que la pobreza es un fenómeno persistente, es decir, si un hogar es pobre en un período, las chances de que siga siéndolo en el próximo son muy altas. Consecuentemente, es relevante no solo tener “fotografías” de la pobreza (cuántos pobres hay en un período) sino también la “película” (la evolución de la pobreza en el tiempo).

Usando algo de jerga, el problema de la pobreza es claramente un problema dinámico, requiriendo mediciones que sean comparables en el tiempo. Finalmente, y a la luz de la urgencia y la relevancia del problema, cualquier medida de pobreza tiene que ser interpretable y comunicable, tanto para los hacedores de política, como para los medios y para el público general, porque la problemática de la pobreza nos compete a todos.

Entonces, la elaboración de una medida de pobreza representativa de la complejidad del problema, comparable en el tiempo y comunicable, implica un considerable esfuerzo conceptual. Es una tarea multidisciplinaria que claramente requiere una gran dosis de madurez científica e institucional.

Ciclópeo porque la medición de la pobreza implica, necesariamente, trabajar a nivel de individuo o de hogar. Por ejemplo, la percepción de que un barrio es pobre es simplemente la agregación del hecho de que muchas familias que lo habitan lo son.

Consecuentemente, y aún a la luz de las difíciles disquisiciones antes mencionadas, el monitoreo de la pobreza descansa en complejas encuestas de hogares (cuando no censos), que requieren un notable esfuerzo logístico, estadístico y computacional.

El enfoque más habitual para medir la pobreza es el de líneas de pobreza,  en donde un hogar es considerado pobre si sus ingresos están por debajo del valor de un conjunto de bienes (una “canasta de bienes”) que se considera que una familia debe poder adquirir y consumir para no ser considerada como pobre.

Habiendo acordado cuáles son los bienes que componen esta canasta (una tarea increíblemente compleja), la medición de la pobreza implica medir los ingresos de cada uno de los hogares (a través de una encuesta de ingresos) y también medir la línea, lo cual requiere medir los precios de todos los bienes que componen la canasta, también a través de complejas encuestas (de precios). Y repetir este proceso en forma periódica.

El enfoque de líneas es necesariamente una simplificación conveniente, errada por definición como cualquier estadística que mira a la parte y no al todo, tanto como irreal es subsumir la complejidad de la pobreza en el hecho de que los ingresos de una familia son bajos o altos. Entonces, la pregunta clave no es si las mediciones de la pobreza son erradas o no, sino si brindan alguna utilidad para el verdadero fin para el cual son convocadas: para monitorear la salud social y económica de una región.

Más allá de las críticas (que son muchas), el enfoque de líneas provee una medición comparable con otras regiones y consistente en el tiempo. Otros enfoques más relevantes (como el de profundidad de pobreza o el de pobreza multidimensional) son más demandantes, tanto en términos de la información de base que requieren para ser implementados como en sus cuestiones técnicas.

La medición de la pobreza y de otras cuestiones sociales igualmente importantes, como la desigualdad o la segregación, nos pone a prueba como sociedad. Las disquisiciones técnicas y conceptuales no son una excusa para dilatar el problema de la provisión sistemática de medidas coherentes y de fácil implementación y comunicación de estas delicadas cuestiones.

Y también requieren de un considerable grado de madurez institucional para garantizar que esta tarea, que involucra complejos compromisos conceptuales y técnicos, sea llevada a cabo en forma científica, transparente y honesta.

[*] Especialista en métodos estadísticos aplicados a cuestiones sociales, su reciente libro “Que es (y que no es) la estadística” (Siglo XXI Editores, Buenos Aires) parte de la colección de divulgación científica “Ciencia que Ladra”, contiene un tratamiento informal del rol de las estadísticas. Es profesor asociado en la Universidad de San Andrés, investigador del CONICET e investigador visitante del Centro de Estudios Distributivos Laborales y Sociales (CEDLAS). Una discusión detallada y técnica de estas cuestiones puede encontrarse en Gasparini, L., Cicowiez, M. y Sosa Escudero, W., 2013, Pobreza y Desigualdad en América Latina, Ed. Temas, Buenos Aires.

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